viernes 27 de noviembre de 2009

Un cuarto propio y algo más




Seamos culturetas por un rato, caracoles. La mujer habitada está llegando a su fin: socorro pido, cuéntenme qué andan leyendo ahora. Denle trabajo a mi Spotify y un placer a mis oídos, por favor, díganme qué música escuchan. A cambio, yo les advierto que si van a "Un cuarto propio" y se dejan tocar por el lugar, es más que probable que no salgan de ahí hasta que no le hayan dicho a la gran Cristina Serrano cuáles son sus cinco libros favoritos.

¿Que aún no conocen la librería “Un cuarto propio”? Pues sepan que si ustedes son de merodear, olisquear y (h)ojear sin ser molestados, seguramente no salgan de ahí en un buen rato y si les va el rollo alternativillo con contenido, tres cuartos de lo mismo: Un cuarto propio es el lugar que todo caracol culipardo estaba esperando. Ahí se lo dejo.

¿Que por qué les hablo de una librería? Porque Un cuarto propio es una librería y algo más. Es un negocio y algo más. Y ya saben, ¡compartir es vivir! Pasen y vean, caracoles, dense el gustazo y ya me cuentan.

Dinero y un cuarto propio, eso es lo que dijo Virginia Woolf que necesitaba una mujer para poder escribir novelas -eran otros tiempos, ya saben-. Viriginia Woolf, la de La Señora Dalloway, la de Las horas, la maestra del estilo indirecto libre, la que quiso ser libre, la que no pudo serlo. La que me ayudó a sobrellevar mi último año de carrera.

Libros ilustrados, pequeña selección de literatura infantil, clásicos recuperados, novelas exquisitas, música, paredes para artistas (no se pierdan “Niños Malgaches”) y talleres (miren, miren). ¿Qué más pruebas quieren? ¿Quieren más? Un cuarto propio es una de esas cosas que pueden hacer que, de noche y de día, Ciudad Real llegue a enamorarte o, al menos, a despertarte la libido.

Y poco más, caracoles. Yo ya he cumplido con mi parte del trato, ahora les toca a ustedes decirme qué andan leyendo y darle trabajo a mi Spotify.

Y para terminar con el post "culturetarrealeño", ¿nos vemos en la presentación de "Autopsia. La revista de la ciudad muert(ecit)a"?

miércoles 25 de noviembre de 2009

El principio de relevancia

Estarán de acuerdo conmigo en que, de no haber sido por la Semántica y la Pragmática, la Lingüística del texto seguiría dándole al estudio de la concatenación de oraciones sin más, esto es, seguiría merodeando en la estructura superficial de las cosas sin llegar nunca al meollo de la cuestión. Por eso y por muchas aventuras más: ¡infinitas gracias, semánticos y pragmáticos del mundo!

Ahora que el texto y el discurso son sinónimos, a los dos se les define como la mínima unidad comunicativa y punto. A partir de ahí, Castilla es ancha y, en función de la intención comunicativa del hablante, texto es todo aquello que el individuo considera “texto”. Cuánta libertad y nosotros sin saberlo, caracoles.

Como el béisbol o el amor, que diría Woody Allen, el texto también tiene sus reglas. La diferencia es que las de la lingüística son un tantito más misericordiosas con el individuo (qué clase de desalmado estipularía que un corredor está obligado a correr si ocupa una base que otro compañero necesita): De esta manera, el principio de cualidad advierte que el hablante ha de dar la cantidad de información precisa, ni más ni menos y el de modalidad, por ejemplo, nos exhorta a ser breves y ordenados y a huir de la ambigüedad.

A mí el que más me gusta es el principio de relevancia. Muy parecido a los anteriores, pero mucho más preciso que todos ellos. Lean lo que dicen D. Sperber y D. Wilson: “todo enunciado comunica a su destinatario la presunción de su pertinencia óptima”, esto es, todo receptor espera que su emisor tenga la intención de ser relevante, de decir algo que contribuya a su conocimiento del mundo sin exigirle un esfuerzo desmedido de interpretación. Cuanto más efecto produzca un enunciado y menos esfuerzo de interpretación por parte del receptor requiera, más relevante será.

¿No les parece fantástico y maravilloso nuestro sistema comunicativo, caracoles? Yo no quepo en mí de tanta satisfacción, ay.

Sería demasiado vil por mi parte irme al discurso de cualquier político, personalidad o personaje para extraer algún que otro ejemplo que muestre cómo el hablante atenta contra el principio de relevancia a cada paso. El que no lleve a un enemigo de la comunicación efectiva dentro, que tire la primera piedra.

-No me lo puedo creer, Nata, ¿vas a salir de este post sin contar que tu sobrina Edurne ha dicho su primera palabra?

-Sí, a partir de ahora voy a ser un caracol pertinente.

-Pues menudo rollo.

-Ea.

-No puedes ir así por la vida, chica. Esto es un blog personal, ¿es que no te das cuenta?

-Maldita sea, tienes razón.

-Claro que tengo razón.

-Jo

Cómo me jode darle la razón, caracoles... En fin: Mi sobrina Edurne ha dicho algo así como “papa”, ya come potitos de verduras y duerme toda la noche de un tirón. La familia Alarcón Mosquera está encantada con tan rápidos y satisfactorios avances. Seguiremos informando.

lunes 23 de noviembre de 2009

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?




Recién llegada de Lanzarote les cuento que paella, lo que se dice “paella”, no ha habido este fin de semana, caracoles. Aminetu Haidar lleva en huelga de hambre una semana para exigir libertad y justicia y ni a mi madre ni a mí nos pareció de recibo preparar un arrocito gigantesco en todas sus narices. Durante el viaje, Amelia y yo buscamos desesperadamente un sustituto a la altura de la paella con el que manifestar nuestro firme apoyo a Aminetu Haidar y a su causa (que también es la nuestra) mientras pasábamos un buen rato. Descartados los malabares y la danza de los cinco ritmos, aterrizamos en el aeropuerto de Lanzarote sin ninguna idea consistente en la cabeza y, por consiguiente, con cierta ansiedad.


-¿Qué vamos a hacer, hija?

-No sé, mama. Maldita sea, debimos haber prestado más atención a Saudade cuando intentaba enseñarnos a tocar “Imagine”.

-Sí, hija, sí. Pero no tenemos tiempo para compadecernos: Cayo Lara está a punto de terminar su entrevista con Aminetu, ¿qué hacemos?

-¿La abrazamos?

-¿y ya está? Mujer, hagamos algo más.

-Uy, ¿quién es ese mozalbete? ¡Macaco! ¿Ése es Macaco, mama?

-Eso parece.

-Ay mama, me encanta Macaco. Creo que me voy a desmayar.

-Nata, tampoco creo que sea el momento más indicado para dejar salir a la grupi que llevas dentro.

-Jo, es que me encanta Macaco.

-Pues creo que viene a dar un concierto para apoyar a Aminetu y denunciar su secuestro.

-¿Sí? ¿Estás pensando lo mismo que yo, mama?

-Sí, yo también creo que con el pelo corto estaría mucho más guapo.

-No, mama, no es eso.

Percusión, coros, flauta travesera, viola... Amelia y yo nos subimos al escenario y acompañamos a la banda durante todo el concierto. Dicen que sonó realmente bien y hasta la Haidar se echó unos bailes. Tendrían que haberla visto en “Seguiremos”, “Mundo roto” o “Todos”.

Les cuento que después del concierto, cuando la gente empezó a gritar “Sáhara y Aminetu Haidar libres” y la populista Rosa Díez se anotaba un tanto en el Congreso Nacional de UpyD, Macaco, Amelia y yo empezamos a trabajar los primeros cimientos de lo que estoy segura será una gran amistad.

Hablamos de nuestras paellas y de Saudade. Le confesamos que, sin su música, nuestros viajes ya no eran lo mismo y él no quiso contarnos si sigue o no con Kira Miró, pero sí nos dijo que le encantaría formar parte de las paellas de mi madre y nosotras, encantadas.

Va a hacer un año de la muerte de Saudade en Palestina, caracoles. Difícilmente “Crece la voz” podrá sustituir la magia de las infinitas versiones de “Imagine” de nuestro gitano, no obstante, tanto mi madre como yo estamos convencidas de que Macaco va a aportar un puñado de cositas buenas a nuestras paellas y nosotras, encantadas.

Y ahora me dispongo a firmar esta carta, ¿se animan? ¡Anímense!

viernes 20 de noviembre de 2009

¿Dejamos de comer?

Mi sobrina a Marta le ha aconsejado mi hermano Alberto, su padre, que deje de comer. No es que Alberto adolezca de obesidad mórbida ni nada por el estilo, se trata de que Marta ha interiorizado hasta límites insospechados las advertencias de sus padres, que siempre le recuerdan que ha de comer para poder crecer y ser tan mayor como sus primas:

- Papá, no deberías comer nunca más. Si no comes, no creces y, si no creces, no serás viejo nunca y, por lo tanto, nunca morirás. Deja de comer, papá.

A ver quién es el guapo que le explica a Marta que la muerte por inanición es una de las más tristes y dolorosas...

Sirva esta anécdota para demostrar que, en contra de lo que pueda pensarse, no sólo los adultos invierten gran parte de su tiempo en buscar remedios a cosas irremediables: los niños también lo hacen.

Que pasen un buen fin de semana, caracoles.

martes 17 de noviembre de 2009

A mí que me registren

Confieso que a veces me hago la mujer para conseguir mi objetivo, caracoles. Yo, que tanto me quejo de la discriminación positiva, alguna que otra vez me he librado de cambiar barriles de cerveza o de volver a casa andando echando mano de la supuesta debilidad e ingenuidad que se lo supone al supuesto sexo débil.

Y no les voy a contar la parrafada que le solté el otro día al taquillero de RENFE cuando me presenté en la estación sin carné joven y con el dinero justo para pagar el billete con descuento incluido –ni un céntimo más ni un céntimo menos- porque, además de números rojos, tengo una reputación como caracol que mantener.

También sufro de cambios de humor durante la ovulación y la posterior menstruación. Ésta es quizá una de las cosas ante la que más me ha costado ceder. Pues, ser un caradura es apto tanto para mujeres como para hombres, aunque las estrategias a seguir sean a veces distintas. Quiero decir que el resto de elementos de mi persona que se asocian más directamente al universo femenino son siempre variables y discutibles. Ahora bien, el revuelo hormonal que desencadena el ovulito no fecundado es incuestionable: lo dicen los biólogos, ya saben.

Sin oponer mucha resistencia, acepto mis cosicas de mujer de la misma manera que asumo mis limitaciones para con la cocina, por ejemplo, e intento que ninguna de esas etiquetas se manifieste por encima de las otras: no quiero destacar por ser la peor cocinera de Un mundo mejor para los caracoles y tampoco por ser mujer. A decir verdad, no quiero destacar.

No quiero entorpecer mi discurso con miembras y miembros, con arrobas o con barritas, pero llego a montar en cólera cuando me descubro dando por sentado realidades a día de hoy tan irreales como “el médico y la enfermera”. Porque durante muchos años así ha sido, caracoles: los médicos eran médicos y las enfermeras, enfermeras. Afortunadamente y gracias al esfuerzo de muchas personas, ahora también hay médicas y enfermeros. Y el otro día vi a un señor de la limpieza.

Queda mucho por hacer, claro. Aún hay muchos individuos con ovarios a la sombra de la sociedad que labran el campo a diario dentro del más absoluto vacío legal. Hay muchos sujetos a los que no se les permite ver el abanico de posibilidades que ofrece el hecho de estar vivo y quedan relegados a las paredes de un hogar, también hay otros individuos con vagina que no quieren ver ese abanico y se siguen haciendo las mujeres para conseguir sus objetivos. Porque las dos palabras favoritas del género humano, como todo el mundo saben son "gratis" y "fácil".

Soy consciente de que a veces el movimiento no sólo se demuestra andando, sencillamente, porque hay quien no puede echarse a la calle y ponerse a andar; en ese caso, es necesario detenerse y darle un pequeño empujoncito al asunto, pero, ay, es que a mí me cuesta tanto comulgar con la mayoría de las estrategias seguidas por el movimiento feminista actual que yo no sé. Eso sí, me esfuerzo por defender y practicar el sano feminismo a diario.

Así que no, no soy ninguna enemiga del feminismo y mucho menos de la mujer.

lunes 16 de noviembre de 2009

¿Qué no arreglará la paella de mi madre?




Aunque podría decirse que el caso Gürtel ya está totalmente interiorizado en la ciudadanía (que ya ha dejado de escandalizarse por este asunto, si es que alguna vez llegó a escandalizarse de verdad), Amelia y yo queríamos compartir una paella con Francisco Camps.

En líneas generales, mi madre estaba deseosa de enfrentarse al reto de preparar un arroz para un valenciano y yo no quería más que mirar a ese hombre a los ojos. Pero no ha habido manera, caracoles. El presidente valenciano estaba muy ocupado este fin de semana. ¿Estaba en la reunión de peperos que se celebraba hoy en Barcelona? No, el President tenía deberes mucho más importantes.

Así que nos quedamos compuestas y sin paella a la vista:

-¿Qué hacemos ahora, mama? Yo tengo ganas de paella, jo.
-Tendremos que tirar del comodín.

Cuando mi madre y yo no sabemos dónde hacer nuestra paella siempre acabamos metiéndonos en camisas católicas o monárquicas. Es algo así como lo que hacen en Telecinco con Belén Esteban para rellenar huecos. Son tres casos igualmente vastos y complejos y, claro, siempre hay algo nuevo que hacer o decir al respecto. ¿Ustedes también se han percatado de que Belén Esteban se está quedando sin nariz?

Como el placer siempre está en nuestros manos y el folletito de la Campaña de Educación Afectiva que organiza la Junta de Extremadura se nos antoja bastante completito en tanto que trata aspectos muy variados (habría que haber asistido a las jornadas para examinar la profundidad, claro), tuvimos a bien preparar una paella para compartirla con todos los que, como nosotras, celebran las mil y una bondades del onanismo y también con los que comparan la masturbación con “fabricar un cohete”. Ya saben, la idea era disfrutar del arroz de mi madre, bailar, cantar y pasar un buen rato a fin de promover el entendimiento o, al menos, la aceptación de ideologías contrarias.

Pero luego encendimos la tele y nos enteramos de lo de Aminatou Haidar, la activista saharaui que ha sido detenida en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, gracias a un sucio acuerdo entre el Gobierno marroquí y el español que así lo ha permitido. La tienen retenida en Lanzarote y ha declarado que hará huelga de hambre hasta que le permitan volver a su tierra.

Así que nos fuimos a la Marcha por la independencia del Sáhara Occidental a gritar “Sáhara libre ya” con la boca llena de arroz.

Con la boca llena de esa paella que esperemos haga efecto más pronto que tarde: Sáhara libre, ya.

lunes 9 de noviembre de 2009

De mareos y perdices

"Y tú, ¿cómo te cuidas?" ¿Qué contestarían si alguien les hiciese esa pregunta, caracoles? ¡Yo siempre desayuno un tazón de ilusión con mucho optimismo y unas cucharadas de cariño! ¿Responderían alguna cursilada similar si alguien les preguntase cómo se cuidan o dirían que hacen deporte a diario y que no comen alimentos transgénicos? Depende de quién se lo pregunte y con qué finalidad, ¿verdad?

Y si la pregunta procediese de la boca de un ginecólogo, ¿cómo la interpretarían? ¿Hábitos de higiene, actividad sexual o métodos anticonceptivos? Qué carajo me está preguntando este hombre, pensaba yo mientras me retorcía de dolor en la camilla.

Entregaré un punto a todos los que hayan elegido la opción "métodos anticonceptivos" a cambio de que me expliquen en qué se han basado para descartar “hábitos de higiene” y “actividad sexual”.

Me puede la mojigatería, caracoles, sobre todo si afecta al lenguaje. Y es que, no se lo van a creer, pero, desde que trabajo con la parte más funcional de las palabras, mi relación con los signos lingüísticos es mucho más madura. Ya quedan lejos las ganas de desfilologización y el rechazo a la comunicación verbal. Hace mucho que la Nata que no entendía que a veces quien dijo “digo” en realidad pensaba en “Diego” y ahora dice “daga” guardó estas incógnitas en la carpeta “a veces me gustaría ser una máquina” y cambió de nivel a fin de explorar otros aspectos del lenguaje mucho más accesibles y enriquecedores a nivel mental y espiritual.

Ahora me entretengo con el apasionante mundo de la subordinación sustantiva o el no menos trepidante universo de la selección modal y no sólo lo hago porque el trabajo así me lo exija -indicativo o subjuntivo, ¿tú de quién eres?- lo hago porque me sienta mucho mejor centrarme en el lado más herramienta de la palabra.

Aun cuando me da por escribir cosas ñoñas, sensiblonas y retorcidas, el lenguaje -la combinación de fonemas que forman sílabas y se juntan con monemas para dar lugar a las palabras que luego constituirán los sintagmas que sostendrán las oraciones-, eso, no es más que una herramienta en manos de nuestra boca o nuestro puño y no al revés. Una herramienta que nos delata, eso sí, porque todo lo que pasa por las manos de un individuo es un delator de dicho individuo, eso es cosa sabida.

Por eso me horroriza pensar qué clase de persona se esconde detrás de un ginecólogo que pregunta “y tú, ¿cómo te cuidas?” para referirse a los métodos anticonceptivos que utiliza la paciente en cuestión. ¿Qué habrá pasado por la cabeza de este hombre para prescindir tan ridícula y mojigatamente de la comunicación efectiva? ¿Qué lastres culturales arrastra este bata blanca? ¿En qué fonemas se esconderá para preguntarme cuándo fue mi última relación sexual?

Marear la perdiz no es siempre bueno, ya lo sabrán ustedes. A veces los rodeos tienen su encanto, su punto de coquetería o emotividad; a veces sirven para decir mucho más con menos o incluso pueden amortizan el golpe o las náuseas, según convenga, y otras, producen interferencias gratuitas y ofensivas, como en el caso que nos ocupa. Y que cómo me cuido, dice... ¡Yo siempre desayuno un tazón de ilusión con mucho optimismo y unas cucharadas de cariño!

Quizá a ustedes esto les parezca un tanto exagerado,caracoles, pero sucede que a mí la gente escrupulosa me desconcierta y los mojigatos, ni les cuento.

¡Feliz lunes!